Hola! acá les dejo unos cuentos y fábulas muy cortitos pero muy muy interesantes.
Recopilados por mi...
Cada uno de ellos tiene una reflexión y algo que pone realmente en que pensar, al final dejo también la fuente, un par de libritos muy interesantes y útiles en verdad...
Ojalá los disfruten y sirva de algo!!!
Por favor tomense el tiempo para leer más de alguno 
LOS OBSTÁCULOS EN NUESTRO
CAMINO*
Un rey puso una gran roca en medio del
camino, obstaculizando el paso. Luego se
escondió para ver si alguien la retiraba.
Los comerciantes más adinerados del reino
y algunos cortesanos que pasaron simplemen-
te rodearon la roca. Muchos culparon al rey de
no mantener los caminos despejados, pero
ninguno hizo algo para retirar el obstáculo.
Entonces llegó un campesino que llevaba
una carga de verduras. La dejó en el piso y
trató de mover la roca a un lado del camino.
Después de empujar y fatigarse mucho, lo lo-
gró. Mientras recogía su carga, encontró una
cartera en el piso, justo donde había estado la
roca. Contenía muchas monedas de oro y una
nota del rey, indicando que esa era la recom-
pensa para quien despejara el camino.
El campesino aprendió lo que los otros nun-
ca entendieron.
Cada obstáculo presenta una oportunidad
para mejorar la propia condición. ¡Si alguna
vez cae, levántese y siga adelante!
* Sebastián Núñez y Lucía Posada, versión de Tché
Souto.


LAS TRES REJAS*
El joven discípulo de un filósofo sabio llegó a
casa de este y le dijo:
—Maestro, un amigo suyo estuvo hablando
de usted con malevolencia.
—¡Espera! —lo interrumpió el filósofo—.
¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a
contarme?
—¿Las tres rejas?
—Sí. La primera es la reja de la verdad. ¿Es-
tás seguro de que lo que quieres decirme es
absolutamente cierto?
—No; lo oí comentar a unos vecinos.
—Entonces al menos lo habrás hecho pasar
por la segunda reja, que es la bondad. Esto que
deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
—No, en realidad no. Al contrario...
— ¡Vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es
necesario hacerme saber eso que tanto te in-
quieta?
—A decir verdad, no.
—Entonces —dijo el sabio sonriendo—, si
no es verdadero, ni bueno, ni necesario, se-
pultémoslo en el olvido.
Cuántos malos ratos podríamos evitar si some-
tiéramos a esas tres rejas todo lo que decimos...
* Contribución de Aquiles Orduña, 9 de noviembre de 2001.

UNA LECCIÓN DE DIPLOMACIACuentan que durante un banquete oficial
celebrado en Inglaterra con la asistencia de
personalidades de todo el mundo, un empleado
de] gobierno, concretamente el jefe de
protocolo, observó cómo uno de los “ilustres”
invitados se metía un valioso salero de oro en el
bolsillo de su chaqueta.
El jefe de protocolo, responsable de los bienes
oficiales, al no saber qué hacer en aquella de-
licada situación, se dirigió al Primer Ministro de
Inglaterra, que por aquel entonces era Sir
Winston Churchill (estadista y político inglés,
nacido en Oxfordshire en 1874 y fallecido en
Londres en 1965, uno de los protagonistas de la
II Guerra Mundial), y le pidió un discreto
consejo dada la notoriedad del personaje.
La gran agudeza que caracterizaba a Wins-
ton Churchill le hizo idear una estratagema
infalible: le dijo al jefe de protocolo que no
se preocupara, que él resolvería ese “pequeño
incidente”.
Fue a la mesa más próxima, se introdujo otro
salero de oro en el bolsillo del chaleco, se acercó
al “personaje” que había sustraído el salero, y,
mientras le mostraba el contenido de su bolsillo,
le dijo al oído:
—El jefe de protocolo nos ha visto guardar-
nos el salero en el bolsillo. Será mejor que lo
devolvamos, ¿verdad?
Y de esta manera ingeniosa resolvió una
embarazosa situación diplomática.
PAPI, ¿CUÁNTO GANAS POR HORA?
En el mismo momento en que lo vio llegar a
casa, un niño le preguntó a su padre:
—¿Papi, cuánto ganas por hora?
Así, con voz tímida y ojos de admiración, un
pequeño lo recibía al término de su trabajo. El
padre miró con rostro severo al niño y repuso:
—Mira, hijo, esos datos ni tu madre los co-
noce, no me molestes que estoy cansado.
—Pero, papi —insistía—, sólo es una pre-
gunta: ¿cuánto ganas por hora?
La reacción del padre esta vez fue menos
severa y contestó:
—Bueno, hijo, pues $ 10.000 la hora.
—Papi, ¿me podrías prestar $ 5.000? —pre-
guntó de inmediato el pequeño.
El padre montó en cólera y tratando con
brusquedad al pequeño le dijo:
—¡Así que era esa la razón de saber lo que
gano! ¡Vete a dormir y no molestes, muchacho
aprovechado!
Al caer la noche, el padre había meditado
sobre lo sucedido y se sentía culpable. Tal vez su
hijo quería comprar algo. En fin, queriendo
descargar su conciencia se asomó al cuarto de su
hijo.
—¿Duermes hijo? —preguntó el padre.
—No, papi, dime —contestó entredormido.
—Aquí tienes el dinero que me pediste res-
pondió el padre.
—Gracias papi, contestó con alegría el pe-
queño. Y metiendo su manito bajo la almohada
sacó otros billetes.
—Papi, ahora ya lo completé todo: tengo los
$10.000. ¿Me podrías vender una hora de tu
tiempo?
¿Qué tanta, atención prestas a tus hijos?
¿Alguna vez has pensado en la soledad, la
inseguridad o los miedos de los niños?
EL ÁRBOL DE LOS PROBLEMAS*El carpintero que había contratado para que
me ayudara a reparar una vieja granja acababa
de finalizar su primer día de trabajo. Su corta-
dora eléctrica se había dañado, haciéndole per-
der una hora de trabajo, y su viejo camión se
negaba a arrancar.
Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en
silencio. Cuando llegamos, me invitó a conocer
a su familia. Mientras nos dirigíamos a la
puerta, se detuvo brevemente frente a un
pequeño árbol y tocó las puntas de las ramas
con ambas manos.
Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sor-
prendente transformación. Su bronceada cara
estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pe-
queños hijos y le dio un beso entusiasta a su
esposa.
De regreso me acompañó hasta el carro.
Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curio-
sidad y le pregunté acerca de lo que lo había
visto hacer un rato antes.
“Este es mi árbol de problemas —contestó—
. Sé que no puedo evitar tener problemas en el
trabajo, pero una cosa es segura: los problemas
no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis
hijos. Así que simplemente los cuelgo en el
árbol cada noche cuando llego a casa, y en la
mañana los recojo otra vez. Lo divertido —dijo
sonriendo— es que cuando salgo a recogerlos,
no hay tantos como los que recuerdo haber
colgado la noche anterior”.
* Contribución de Daniel Molina.

QUE NADA TE QUITE EL SUEÑO...Una noche un hombre llamado Serfil no podía conciliar el sueño. Daba vueltas y vueltas en su cama, sin embargo sus ojos no podían cerrarse, las preocupaciones lo atormentaban.
¿Qué te pasa? Preguntó su mujer ¿Por qué no te duermes?
Serfil le confesó que no tenía las siete monedas de plata que le debía a su vecino Renu, lo cual le preocupaba tanto que le impedía dormir.
Su mujer se levantó, se echó encima una bata, salió a la calle y se puso a llamar a gritos a su vecino Renu, hasta que este se asomó a la ventana, frotándose los ojos de sueño y preguntó: ¿Quién me llama? ¿Qué ocurre?
La mujer le contestó: Sólo quiero que sepas que no vas a cobrar mañana tus siete monedas de plata, porque mi marido no las tiene!!!!!!!
Dicho lo cual, la mujer regresó a su casa y le dijo a su marido: Duérmete, Serfil, Ahora que se preocupe Renu...

MI MEJOR AMIGODice una leyenda árabe que dos amigos
viajaban por el desierto y discutieron
agriamente. Uno de ellos le dio una bofetada al
otro. Este, ofendido, escribió en la arena: “Hoy
mi mejor amigo me dio una bofetada”.
Continuaron su camino y llegaron a un oasis,
donde resolvieron bañarse. El que había sido
abofeteado se estaba ahogando, y el otro acudió
en su rescate. Al recuperarse, tomó un cincel y
escribió en una piedra: “Hoy mi mejor amigo
me salvó la vida”. Intrigado, aquel le preguntó:
—¿Por qué después de que te lastimé escri-
biste en la arena, y ahora escribes en piedra?
—Cuando un gran amigo nos ofende, de-
bemos escribirlo en la arena, donde el viento
del olvido y el perdón se encargará de borrarlo.
Cuando nos pasa algo grandioso, debemos
grabarlo en la piedra del corazón, de dónde
ningún viento podrá hacerlo desaparecer.

LA DECISIÓN DE AMARUn individuo fue a visitar a un consejero
para decirle que ya no quería a su esposa y que
pensaba separarse.
El consejero lo escuchó, lo miró a los ojos y
solamente le dijo una palabra:
—Ámala. —Luego se calló.
—¡Pero es que ya no siento nada por ella!
—Ámala —repuso el experto ante el
desconcierto del señor—. Verás que no es
fácil, pero no es imposible tratarlo.
Después de un breve silencio, agregó lo
siguiente:
—Amar es una decisión, no un sentimiento.
Amar es dedicación y entrega. Amar es un
verbo y el fruto de esa acción es el amor. Tu
amor es un ejercicio de jardinería: arranca lo
que hace daño, prepara el terreno, siembra, sé
paciente, riega, procura y cuida. Debes estar
preparado porque habrá plagas, sequías o ex-
cesos de lluvias, mas no por eso abandones tu
jardín. Ama a tu pareja, es decir, acéptala, va-
lórala, respétala, dale afecto y ternura,
admírala y compréndela. Eso es todo, ámala.
¿Quién puede afirmar que amar es fácil?
LA CULPA ES DE LA VACA*Este texto, cuyo resumen fue publica-
do originalmente por el profesor Fernando
Cepeda en su columna habitual de El
Tiempo, es una excelente demostración de
una conducta muy nuestra relacionada con
la ramificación de la culpa.
Se estaba promoviendo la exportación de
artículos colombianos de cuero a Estados
Unidos, y un investigador de la firma
Monitor decidió entrevistar a los
representantes de dos mil almacenes en
Colombia. La conclusión de la encuesta fue
determinante: los precios de tales productos
son altos, y la calidad muy baja.
El investigador se dirigió entonces a los fa-
bricantes para preguntarles sobre esta conclu-
sión. Recibió esta respuesta: no es culpa nues-
tra; las curtiembres tienen una tarifa arancelaria
de protección de quince por ciento para im-
pedir la entrada de cueros argentinos.
A continuación, le preguntó a los propieta-
rios de las curtiembres, y ellos contestaron: no
es culpa nuestra; el problema radica en los
mataderos, porque sacan cueros de mala cali-
dad. Como la venta de carne les reporta ma-
yores ganancias con menor esfuerzo, los cue-
ros les importan muy poco.
Entonces el investigador, armado de toda
su paciencia, se fue a un matadero. Allí le dije-
ron: no es culpa nuestra; el problema es que
los ganaderos gastan muy poco en venenos
contra las garrapatas y además marcan por to-
das partes a las reses para evitar que se las ro-
ben, prácticas que destruyen los cueros.
Finalmente, el investigador decidió visitar a
los ganaderos. Ellos también dijeron: no es
culpa nuestra; esas estúpidas vacas se restrie-
gan contra los alambres de púas para aliviarse
de las picaduras.
La conclusión del consultor extranjero fue
muy simple: los productores colombianos de
carteras de cuero no pueden competir en el
mercado de Estados Unidos “¡porque sus va-
cas son estúpidas!”
* Michael Fairbanks, “Cultural Matters: How Values Shape
Human Progress”, en Lawrence E. Harrison y Samuel P.
Huntington (eds.), Changing the Mind of a Nation. Elements
in a Process for Creating Prosperity. Nueva York, Basic
Books, 2000, pp. 268-281. Contribución personal de
Fernando Cepeda Ulloa.

Nota: Yo unicamente lo comparto fue
Compilado por DragnSlav3 para Taringa.net
La mayoría de los textos anteriores están tomados de:Si los quieren sólo click al los links de abajo
La_culpa_es_de_la_vaca.pdfla_culpa_es_de_la_vaca_2da_parte.pdfhttp://www.megaupload.com/?d=SOTOAPOV
http://www.megaupload.com/?d=664ZYYLX
Ría
Perdone
Relájese
Pida ayuda
Haga un favor
Exprese lo suyo
Vaya a caminar
Rompa un hábito
Salga a correr
Pinte un cuadro. Sonría a su hijo
Permítase brillar. Mire fotos viejas
Lea un buen libro. Cante en la ducha
Escuche a un amigo. Acepte un cumplido
Muestre su felicidad. Escriba en su diario
Termine un Proyecto
Ayude a un anciano. Cumpla sus promesas
Sea un niño otra vez. Escuche a la naturaleza
Trátese como a un amigo. Permítase equivocarse
Haga un álbum familiar. Dese un baño prolongado
Por hoy no se preocupe. Deje que alguien lo ayude
Mire una flor con atención. Pierda un poco de tiempo
Apague el televisor y hable. Escuche su música preferida
Aprenda algo que siempre deseó
Llame a sus amigos por teléfono.
Haga un pequeño cambio en su vida
Haga una lista de cosas que hace bien.
Vaya a la biblioteca y escuche el silencio
Cierre los ojos e imagine las olas de la playa.
Hágale sentirse bienvenido a alguien
Dígale a la persona amada cuánto la quiere
Dele un nombre a una estrella
Sepa que no está solo
Piense en lo que tiene
Hágase un regalo
Respire profundo
Cultive el amor
POR ULTIMO .....SONRIA .....Y....
GRACIAS POR COMENTAR!!