» Aguarde un momento por favor...

avatar
Moderador
  • 1170 PUNTOS
    Masculino
  • 746 PUBLICACIONES
    Pais
  • 1706 COMENTARIOS
  • 7 SEGUIDORES
  • 4 SIGUIENDO
Digo groserías sin control: síndrome de Tourette con coprolalia, 1 de cada 10.000 personas



Por Carlos Zuluaga

Hace 35 años me diagnosticaron Síndrome de Tourette con coprolalia, un trastorno neurológico que me lleva a ser obsesivo-compulsivo, tener tics nerviosos y decir malas palabras de manera repetida. En ese entonces tenía 15 años y la enfermedad era poco conocida para los médicos. Mucho antes, a los siete años, ya presentaba algunos síntomas: cuando iba para el colegio, de pronto paraba y empezaba a andar hacia atrás; otras veces hacía movimientos circulares con la mano insistentemente o pegaba un salto o movía el cuello sin razón alguna.

Fue el neurólogo Camilo José Borrero, ya fallecido, quien me dijo que yo padecía esa enfermedad. Antes había visitado médicos en varias ciudades que me decían que tenía un trastorno obsesivocompulsivo, y nada más.

Para ese entonces tenía que desplazarme mucho para llegar al hospital psiquiátrico, para consultas con la psicóloga y el neurólogo. Me recetaron haloperidol, para mí una droga salvaje que me mantenía con la lengua inflamada, las manos temblorosas y no me provocaba nada más que estar en una cama acostado. Tomaba seis píldoras por la mañana, otras seis por la tarde y por la noche. Durante ese tiempo perdí un año de colegio.

Cuando acabé las píldoras me matriculé en preparatoria. El primer día, como a la tercera hora, sonó el timbre para cambio de clase; yo no soporté estar entre tanta gente, salí del colegio y no volví jamás. Desde ese momento dejé de salir. Mi vida transcurre entre dos prisiones: la casa de mi mamá y la mía que, separadas por tres calles, recorro siempre en bicicleta, mi mecanismo de defensa para evitar a las personas.

Puedo decir que de todo este cuadro la coprolalia es lo único que no logro controlar: cuando estoy con mi familia se me salen palabras de grueso calibre. Pasa que estoy viendo televisión y empiezo a decir palabrotas o cosas como “puta, cabrón”. No me puedo controlar. Al principio fue muy difícil, me decían que dejara esas manías, pero entendieron que tengo una enfermedad y ya no me hacen caso.

La gente no se alcanza a imaginar la cantidad de problemas que he tenido en los 35 años que llevo con esta enfermedad. Una vez, andando iba diciendo “ju, ju, ju”. Un tipo que iba delante se volteó y me insultó. Le dije “no, yo no lo estoy llamando, tengo un problema”. Él contestó: “Siga así y le doy duro”. Tuve que irme por otro lado.

Cuando tengo una mujer cerca sufro mucho porque siento el deseo de decirle obscenidades. A pesar de todo, eso no fue problema, cuando era joven, para salir de conquista, aunque debo decir que las dos mujeres que he tenido me conquistaron ellas a mí. Con mi esposa llevo dieciocho años, a veces le suelto puteadas, pero como me conoce y sabe de mi mal no me hace ningún reclamo. Lo mismo pasa con mis dos hijos, quienes desde pequeños saben de mi problema y no se han avergonzado nunca de mí.

Trabajo en el negocio de la publicidad, lo aprendí por correspondencia para evitar salir de la casa. Cuando me toca hablar con un cliente nuevo me pongo muy nervioso y empiezo a decir vulgaridades sin parar. Me controlo apenas por unos minutos. Por eso, me aguanto las enfermedades y no voy al médico, nunca he tenido una cuenta bancaria y las propiedades que tengo están firmadas por mi hermano.

Ahora estoy en un tratamiento que forma parte de una investigación de una universidad y solo me tomo dos pastillas. Lo que sé de la enfermedad lo he investigado por internet. Este síndrome no tiene cura, les da más a los hombres que a las mujeres y al 70 % de los afectados se les quita cuando llegan a viejos. A mí no se me ha quitado, incluso ahora que tengo 50 años me siento más enfermo.

Fuente: Revista SH

Compartir también en:

  • 309 visitas 0 favoritos0 comentarios

    Creado hace 7 meses

    Para poder comentar debes crear una cuenta o loguearte.